jueves, 2 de enero de 2014

Alegorías.

Prologo  del autor:

¿Para qué escribir?, Qué motivación se va gestando en aquella persona por plasmar su idea general; su propia experiencia sensorial de lo que  cotidianamente se llama realidad. Esa inmensa pregunta me perturbo por mucho tiempo. Si bien es cierto que compartimos una misma realidad llena de similitudes sensoriales, también lo es; que cada experiencia es única, matizada por propias expectativas, por singulares necesidades, por una enajenación única de todos nuestros sentidos. Mas aquellos; a los cuales la realidad penetra de manera más ensimismada, más intensa y caótica, inclusive doliente; así, como una sensación parturienta, como cuando la materia muere generando a su colapso las estrellas, encuentran en la escritura ese medio por el cual empalmar su realidad a la realidad adyacente, en un sincero método de comunicación, pues es este el fin primario de todo arte y de todo artista.

Cada obra artística, es esa necesidad comunicativa, necesidad que se gesta primordialmente como un anhelo, como un sueño. Y los sueños nos proveen de gran felicidad por que nos singularizan. Esta es mi necesidad comunicativa, mi singularidad, mi manera de trascender, de impregnar al tiempo y al espacio con mi esencia. 

El sueño; es la semilla.
El actuar; la raíz, el tallo y la hoja.
Y el fruto; la felicidad.


Sueña, actúa, disfruta.

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