jueves, 2 de enero de 2014

Acerca del autor:

Dicen las lenguas que un día 2 de noviembre, mientras la madrugada perdía su juventud y la mayoría de mis nuevos congéneres dormían o navegaban noctámbulos, yo; desgarraba el vientre fecundo de mi madre, como si la luna estirace sus pálidos brazos para darme la bienvenida y arrullarme con la negrura de la noche, debo suponer que mi vida noenata fue como la gran mayoría que me acompañasen en esa etapa, dormir, ensuciar pañales de tela, dar alegría a mis padres y también pesares, como cualquiera. De mi niñez no podría agregar gran cosa, apenas si la recuerdo, pero seguro no fue mala, de los pocos recuerdos de ella, siempre me veo sonriendo, jugando o asustado por las consecuencias de alguna u otra travesura. Le siguió mi adolescencia y como su etimología lo maraca; fue adolecer, es como si de aquí comenzase a vivir, de una manera así; vivida. Puesto que todo desde este punto lo recuerdo, cada momento singular de ella quedo petrificado como una huella en el anticuario en el que se ha convertido mi memoria, conocí los placeres mundanos y las malas costumbres típicas de un irreverente adolescente. Pero fue también aquí que conocí la magia de la palabra escrita, capaz de hacer navegar cualquier mente y llevarle a vivir innumerables vidas, de moldearle, construirle, formarle. con ella eh podido recorrer la vida como un camino lleno de senderos y que toda vez que eh tomado uno de estos; a primera vista se muestran como escabrosos lares, pero me han traído a convertirme en lo que soy. ¿y que es lo que soy?... quizá juntos terminemos por averiguarlo. ¿gustas de ser acompañante?... 

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