jueves, 2 de enero de 2014

Acerca del autor:

Dicen las lenguas que un día 2 de noviembre, mientras la madrugada perdía su juventud y la mayoría de mis nuevos congéneres dormían o navegaban noctámbulos, yo; desgarraba el vientre fecundo de mi madre, como si la luna estirace sus pálidos brazos para darme la bienvenida y arrullarme con la negrura de la noche, debo suponer que mi vida noenata fue como la gran mayoría que me acompañasen en esa etapa, dormir, ensuciar pañales de tela, dar alegría a mis padres y también pesares, como cualquiera. De mi niñez no podría agregar gran cosa, apenas si la recuerdo, pero seguro no fue mala, de los pocos recuerdos de ella, siempre me veo sonriendo, jugando o asustado por las consecuencias de alguna u otra travesura. Le siguió mi adolescencia y como su etimología lo maraca; fue adolecer, es como si de aquí comenzase a vivir, de una manera así; vivida. Puesto que todo desde este punto lo recuerdo, cada momento singular de ella quedo petrificado como una huella en el anticuario en el que se ha convertido mi memoria, conocí los placeres mundanos y las malas costumbres típicas de un irreverente adolescente. Pero fue también aquí que conocí la magia de la palabra escrita, capaz de hacer navegar cualquier mente y llevarle a vivir innumerables vidas, de moldearle, construirle, formarle. con ella eh podido recorrer la vida como un camino lleno de senderos y que toda vez que eh tomado uno de estos; a primera vista se muestran como escabrosos lares, pero me han traído a convertirme en lo que soy. ¿y que es lo que soy?... quizá juntos terminemos por averiguarlo. ¿gustas de ser acompañante?... 

Alegorías.

Prologo  del autor:

¿Para qué escribir?, Qué motivación se va gestando en aquella persona por plasmar su idea general; su propia experiencia sensorial de lo que  cotidianamente se llama realidad. Esa inmensa pregunta me perturbo por mucho tiempo. Si bien es cierto que compartimos una misma realidad llena de similitudes sensoriales, también lo es; que cada experiencia es única, matizada por propias expectativas, por singulares necesidades, por una enajenación única de todos nuestros sentidos. Mas aquellos; a los cuales la realidad penetra de manera más ensimismada, más intensa y caótica, inclusive doliente; así, como una sensación parturienta, como cuando la materia muere generando a su colapso las estrellas, encuentran en la escritura ese medio por el cual empalmar su realidad a la realidad adyacente, en un sincero método de comunicación, pues es este el fin primario de todo arte y de todo artista.

Cada obra artística, es esa necesidad comunicativa, necesidad que se gesta primordialmente como un anhelo, como un sueño. Y los sueños nos proveen de gran felicidad por que nos singularizan. Esta es mi necesidad comunicativa, mi singularidad, mi manera de trascender, de impregnar al tiempo y al espacio con mi esencia. 

El sueño; es la semilla.
El actuar; la raíz, el tallo y la hoja.
Y el fruto; la felicidad.


Sueña, actúa, disfruta.